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jueves, 26 de febrero de 2015

Y el destete llegó

Pues así es, ya podemos decir que Tenacitas está destetada. Algo que al pensarlo me hace sentir en un punto entre el descanso, el desahogo y la pena.
Como os conté no hace mucho por aquí, dar de mamar a Tenacitas estaba siendo cada vez más incómodo y me estaba provocando sensaciones nada agradables, mi cuerpo estaba diciendo basta y yo me negaba a escucharlo (de eso me he dado cuenta semanas y meses después, en ese momento una no tiene la claridad mental necesaria ni la frialdad como para percatarse de eso). Estaba estirando esa lactancia y no sabía muy bien por qué porque realmente siempre he tenido claro (porque la teoría me la sabía) que cuando para una de las dos partes dejase de ser un momento placentero, mágico y de complicidad lo dejaríamos.
Pues no fue tan fácil.

Es contradictorio porque en todo lo relacionado con la lactancia, la crianza y la maternidad en general mi mantra siempre ha sido "somos animales, sigue a tu instinto , actúa irracionalmente y escucha a tu corazón" Pues bien, resulta que en este caso si yo escuchaba a mi corazón éste me decía que no destetase a Tenacitas, que todavía me necesitaba y ahora más que nunca con la llegada de Bichobola, que no podía negarle justo en este momento lo único que todavía la ataba a mí, el único recurso que el tenía para refugiarse conmigo y tener su momento especial con una madre que ahora tenía que compartir. Así qué tuve que hacer un esfuerzo por salir un poco de mí y de mi mundo puérpero (supongo que ese combinado hormonal tampoco ayudaba a ver las cosas desde otra perspectiva) y como en la peli de Ghost cuando el alma sale del cuerpo y observa la escena desde fuera, tomar distancia conmigo misma y sacar ese lado racional que me hacia falta para hacerme una serie de preguntas y plantearme una serie de cuestiones:
¿Por qué no quiero destetar?
¿Acaso es esto una competición por alcanzar los máximos meses de lactancia?
 ¿Acaso voy a ser peor madre por no dar el pecho a mi hija?
¿No dar el pecho va a suponer que ya no voy a tener ningún tipo de relación y vínculo madre-hija con ella?
Si la lactancia es cosa de dos, ¿por qué no estoy respetandome a mí misma y estoy cediendo en mis derechos como madre?
¿Voy a alargar sin remedio esta situación corriendo el riesgo de que esas sensaciones sean lo primero que recuerde cuando dentro de unos años haga balance de la infancia de Tenacitas y de su lactancia?
 ¿Qué es lo que me da miedo de dejar de dar el pecho? ¿Perder a mi bebé? ¿Darme cuenta de que mi hija crece y que hay etapas que necesariamente se cierran? Pero otras se abren!

Pues eso es, la lactancia es sólo una etapa, no dar el pecho no quiere decir que no tengamos nuestros momentos únicos y mágicos cada día. 
De la misma manera que no todas las historias de amor son iguales, todas las lactancias (que también son historias de amor) tampoco lo son, todas son diferentes, con distintos inicios y distintos finales pero todas hermosas.
No me gusta hablar sobre los meses que la he amamantado porque ni son muchos ni son pocos, es lo que ha durado nuestra lactancia, lo ideal porque supimos escucharnos y darnos cuenta de que había llegado el final antes de continuar haciéndonos daño, por eso ha sido perfecta. Porque ha sido la puerta que ha dado paso a nuevos momentos, a una nueva forma de ver nuestro día a día, a descubrir una nueva relación entre nosotras, ni mejor ni peor pero igual de fuerte y de especial.
El destete no es el fin del mundo aunque cuándo estas metida en esa maraña de sensaciones desagradables lo ves todo negro y eres incapaz de encontrar salida. Mucho ánimo a aquellas que os encontréis en una situación parecida ;-)
No hay recetas milagrosas pero mi consejo es que os hagáis estas u otras preguntas e intentéis darles respuesta, a veces estamos demasiado metidas en nuestro mundo y en nuestros problemas y sólo racionalizándolo todo un poco y cuestionándonos "desde fuera" conseguimos ver un poco de luz al final del túnel.




lunes, 17 de noviembre de 2014

Lactancia materna. Su cara B


Hello everybody Tenazoides! How are you? ;-)
Qué don de lenguas, os habéis quedao muertos, eh? Nunca dejaré de sorprenderos, lo sé... Bueno, al lío que me vengo arriba y no acabo. Hoy la cosa va de tetas pero ahora me pongo seria y empezamos...

Nunca antes he hablado en el blog de esa parte de la maternidad que a mí me parece esencial, súper importante y sin la que personalmente,  no sentiría completo mi papel como madre: la lactancia materna.

No voy a repetirme en eso que leemos en todas partes y que todas sabemos, dar el pecho además de garantizar el mejor alimento para tu bebé significa mucho más. Supone crear un vínculo indestructible entre madre e hijo que durará para siempre, es el acto de amor más bonito que les podemos brindar, son momentos únicos reflejados en esos ojitos que nos miran entreabiertos cuando les ofrecemos lo mejor de nosotras,... Para mí es la continuidad perfecta de ese amor que nace el día que ves tu positivo en el test, la primera ecografia o su carita llorando al nacer cuando lo sientes por primera vez encima de ti. Es el siguiente paso en ese camino del amor.

Aunque tengo que decir ante todo que estos 28 meses de lactancia han sido maravillosos, que repetiría cada uno de esos días y que me siento afortunada por haber podido disfrutar de cada uno de esos momentos únicos e irrepetibles, hoy vengo a hablaros sobre lo que nadie quiere hablar, la cara B de esta lactancia prolongada y ahora también en tándem.



(No, no es que papá Tenazas y yo hayamos decidido deplazarnos en un cacharro de estos pa' morir escoñaos por cualquier terraplén dado que ninguno de los dos estamos en nuestro mejor momento físico, pa' que engañarnos...)
La lactancia en tándem, para aquel que no lo sepa, supone amamantar a dos niños al mismo tiempo (simultanear dos lactancias), ya sean bebés de la misma edad como gemelos o mellizos o de diferentes edades como es mi caso.

Durante el embarazo de Bichobola continué amamantando a Tenacitas que a pesar de comer ya de todo y mejor que muchos adultos seguía siendo muy demandante de teta. Hay muchas madres que al enterarse del nuevo embarazo suelen destetar al hijo mayor, en mi caso yo decidí respetar sus tiempos, dejar que fuese ella la que se destetase si en algún momento lo decidía, o dejaba de gustarle el sabor de la leche, o bajaba la producción,... No quería que un acto mío influyera en ella de esa manera, para ella eran muy importantes sus momentos al pecho y no iba a dejar que una decisión mía se los quitase.

Durante el embarazo tuve momentos de mayor sensibilidad, de dolor, de incomodidad, pero fue pasando y en general puedo decir que disfruté de la lactancia esos meses. Una vez que Bichobola nació la cosa cambió, al principio no era en todas las tomas pero sí en algunas, sobretodo en las que estaba más cansada o las de la noche. Cuando Tenacitas mamaba tenía una sensación desagradable, quería quitármela de encima a toda costa, era un rechazo inconsciente porque por otro lado quería abrazarla y decirle que la quería pero que me dejase, que no me tocase más,...
Es muy difícil de explicar y sobretodo de entender para aquella que no lo haya sentido.
Es un sentimiento animal, nada racional, muy primitivo, que te hace rechazar a tu propio hijo a la vez que te culpas por hacerlo y luchas contra ese sentimiento porque sabes que lo amas más que a nada en el mundo. Es como si dentro de ti existiese esa dualidad de ángel y demonio, dos personalidades enfrentadas, dos deseos opuestos.

Comencé a leer mucho sobre esta etapa de la lactancia y descubrí que lo que sentía tenía un nombre: agitación del amamantamiento o agitación de la lactancia, y que no era la primera ni la última que lo estaba sufriendo si no que, al contrario, esta es una etapa muy común en lactancias prolongadas y en tándem. Es, como decía al principio,  la cara B de la lactancia, aquello de lo que nadie quiere hablar porque nos hace sentir raras, malas madres y crueles con nuestros hijos por sentir lo que sentimos y no podemos remediarlo, es un sentimiento más fuerte que nosotras mismas, por eso nos sentimos culpables y avergonzadas de no poder controlarlo y de sentir lo que sentimos.
La agitación no tiene una explicación clara, está relacionada con un cambio hormonal y se cree que puede deberse a un mecanismo instintivo que sucede en todos los mamíferos que hace rechazar el amamantamiento de hijos mayores bien para priorizar el alimento para el pequeño y más débil o, en los casos en que no haya hermanos lactantes, comenzar un destete que dé la oportunidad a nuestro cuerpo de volver a tener otro embarazo y brindarle en exclusiva el alimento al nuevo bebé que pueda llegar. 

Ante una situación como esta es muy importante tener información para entender qué nos está pasando y no culpabilizarnos. Hablar de nuestro caso con otras madres que estén o hayan estado en una situación parecida puede ayudarnos a darnos cuenta de que sentimos algo totalmente normal y de que puede superarse. 
Normalmente las soluciones pasan por identificar aquellas tomas que nos producen un mayor rechazo y eliminarlas o acortarlas, hay quien decide, llegados a este punto, destetar o también hay experiencias de mujeres que han aguantado con paciencia un periodo de agitación y que cuentan que un buen día igual que empezó desapareció.

Tenacitas parece que ha empezado un destete progresivo, y digo "parece" porque soy consciente de que en cualquier momento puede volver a demandar pecho como lo ha estado haciendo hasta hace cuatro dias y con más razón viendo como Bichobola sigue mamando. Quizás tendría que estar preparada para ese momento, para intentar luchar de nuevo contra la agitación, pero prefiero no adelantarme a los problemas y dejar que todo siga su curso, que venga como tenga que venir. No me gustaría destetar aunque no me importa que lo haga ella voluntariamente pero os confieso que si volviésemos a esa situación de rechazo de la agitación no sabría cómo sobrellevarla.

¿Y vosotras? ¿Habéis sentido la agitación del amamantamiento? ¿Cómo la habéis gestionado?